Los pequeños Erick Carlos, Kely, Pedro Antonio, Isidoris y Camila, ya saben leer, escribir y calcular; se sienten orgullosos y están felices, por sus logros.


Una alegre mañana, con un sol brillante como otra cualquiera de este intenso verano, sin embargo marcando la diferencia, porque a partir de ahora estos niños que pueden ser hijos de cualquier vecino, tienen en sus manos el tesoro del saber, negado en el mundo a muchos de igual edad, sin acceso a la educación.
Algunos vestidos como personajes de los cuentos escenificados en el Festival, pero todos disfrutando su condición, de saber leer, escribir y calcular, un derecho garantizado en Cuba en todas las Escuelas del país, que ninguna Ley Helms Burton, jamás podrá arrebatar.
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