
Hace unos años visité en Trinidad el
Museo dedicado a la lucha
contra bandidos en Cuba. Imágenes de aquella etapa de zozobra, sobre todo en las montañas de Escambray, se muestran en esa institución espirituana. Entre las fotos expuestas encontré la de los pequeños
Yolanda y Fermín, los dos hermanitos de Bolondrón ultimados por el odio. Sus nombres son recordados cada día en el Palacio de Pioneros de Cárdenas, por donde generaciones de niñas y niños hacen realidad los
sueños que pretendían truncar quienes los mataron a sangre fría.